r Jorge Rial
El canal de todos
Agradable sorpresa la de Canal 7. Por estos tiempos dejó de ser y parecer la emisora del gobierno de turno. Lejos de las aburridas transmisiones de cuanto discurso banal de nuestros presidentes se presentan, el canal que bancamos entre todos por fin nos representó con dignidad.
jorgerial@primiciasya.com
Primero con la impecable transmisión de los Juegos Olímpicos, desde el primer minuto de cada jornada hasta el final de la última disciplina. Los que estuvieron encargados de cada uno de los relatos y comentarios no cayeron en el exceso fácil de patriotismo o del grito siempre a mano en este tipo de actividades que calientan la voz con una facilidad extraordinaria.
Siguieron a cada uno de nuestros deportistas, no sólo a los de elite como los futbolistas o basquetbolistas, sino a aquellos que llegaron contando las moneditas y casi sin apoyo del mismo estado que hoy los mostraba con orgullo. Se notó en el rating, que llevó a la emisora de la calle Tagle a un lugar inimaginable en la cabeza del más optimista. Pero se notó también en el comentario de la gente, en la búsqueda del 7 como el lugar donde encontrar reflejado el esfuerzo de nuestros muchachos.
No cayeron en la tentación de mezclar, entre juego y juego, las palabras sin contenido de algún político que siempre quiere colarse en estos eventos masivos. Gracias por no tener que soportar a un ministro o secretario colgándose las medallas que a miles de kilómetros se ganaron los deportistas. Hace años, cualquier funcionario de cuarta se hubiera hecha un picnic con esta oportunidad de oro. Por suerte y casi milagrosamente, ninguno apareció en los estudios tratando de unir alguno de los espaciados triunfos con una gestión del gobierno de Cristina. Un alivio.
Fue una de las únicas ocasiones en que los ciudadanos vieron que la plata de nuestros impuestos no fue usado con fines políticos. Un contraste muy claro con otras imágenes, de hace pocas horas, con un Néstor Kirchner reunido en la quinta de Olivos con los integrantes del PJ. La residencia que también se banca con nuestra plata para el que manda, no para el que alguna vez lo hizo. Hasta bronca dio ver cómo tomaban el agua mineral que alguien fue a comprar en nombre del pueblo argentino.
El otro motivo de aplauso para los que manejan nuestro canal es la transmisión del histórico juicio de los genocidas Antonio Bussi y Benjamin Menéndez. Sólo el estado puede hacer estas cosas y está bien que lo haga. Es su obligación. Para que los jóvenes puedan ver, en vivo y directo, lo que en algún tiempo leerán en los libros de historia. Para ver, también, la larga y dolorosa historia que tuvimos que vivir para llegar a este momento que nadie tuvo en el nefasto reinado del terror. No hablamos de televisar un juicio, Hablamos de tenerlo.
Sirvió también para ver cómo ese Bussi soberbio, dueño de todas las vidas y muertes intentaba convertirse en un abuelito enfermo para dar lástima. Palabra que nunca figuró en su diccionario a la hora de gatillar o mandar a hacerlo.
Ojalá que esto sirva para que, de una vez por todas, Canal 7 deje de ser el canal oficial para ser el canal de la gente. Donde todos tengan su lugar. Donde se escuchen todas las voces. Donde los políticos sólo pasen como una noticia más. Donde la ideología no tenga por dueño al que manda. Están ante una oportunidad histórica. Ojalá que el partidismo de siempre no se interponga entre la pantalla y la gente. Sobre todo de aquella que vive en el interior más profundo de nuestro país y cuyo único vínculo con la noticia es este canal. No perdamos las esperanzas.
viernes 29 de agosto de 2008
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